sábado, octubre 17, 2026

CLAIROLFACCION: Olores extraños en investigaciones paranormales: ¿qué debemos analizar?

 

Olores extraños en las investigaciones paranormales: algo que muchos investigadores pasan por alto

El sentido del olfato, ese gran olvidado de las investigaciones de campo



Cuando hablamos de investigaciones paranormales, casi siempre pensamos en cámaras de visión nocturna, grabadoras de audio, medidores de campos electromagnéticos y toda clase de aparatos que llevamos con nosotros cuando salimos a investigar un lugar. Queremos grabar algo, registrar un sonido extraño, captar una imagen que no sepamos explicar o conseguir alguna prueba que nos permita entender qué está ocurriendo.

Sin embargo, hay algo que muchas veces pasa desapercibido y que, en mi opinión, merece bastante más atención: los olores.

Parece una tontería, ¿verdad? Estamos acostumbrados a relacionar las investigaciones paranormales con lo que vemos y escuchamos, pero pocas veces prestamos la misma atención a lo que olemos. Y es curioso, porque basta con que alguien diga que ha percibido un olor extraño en una habitación para que empiecen las preguntas, las interpretaciones y, en algunos casos, las conclusiones precipitadas.

¿A qué olía? ¿Era un olor desagradable? ¿Se parecía al azufre? ¿Lo notaron todos los presentes? ¿Apareció de repente y desapareció al cabo de unos segundos? ¿Había alguna explicación que pudiéramos comprobar?

Estas son algunas de las preguntas que deberíamos hacernos antes de empezar a buscarle un significado paranormal a lo sucedido.

Porque una cosa es percibir un olor que no sabemos de dónde viene y otra muy distinta es afirmar que ese olor está relacionado con una presencia, una entidad o cualquier otro fenómeno que estemos investigando.

La diferencia parece evidente, pero no siempre se tiene en cuenta.

En nuestras investigaciones podemos llegar a prestar tanta atención a los aparatos que terminamos olvidándonos de algo tan básico como observar nuestro entorno y prestar atención a lo que percibimos. Nos preocupamos por comprobar si una grabadora ha registrado una psicofonía, si una cámara ha captado una sombra o si un medidor ha experimentado alguna variación, pero ¿qué hacemos cuando uno de los presentes asegura haber notado un olor extraño?

En demasiadas ocasiones, la respuesta depende de la interpretación que cada investigador tenga de lo paranormal.

Si alguien cree que determinados olores están relacionados con entidades malignas, posiblemente interprete cualquier olor desagradable desde esa perspectiva. Si otro investigador considera que los olores no tienen ninguna importancia, puede que ni siquiera los anote en su informe.

Y ahí es donde empieza el problema.

En mi opinión, una investigación seria debe prestar atención a lo que ocurre, no solamente a aquello que esperamos encontrar. Si queremos comprender un fenómeno, primero tenemos que observarlo, registrarlo y tratar de averiguar qué puede estar sucediendo.

El olfato también forma parte de una investigación. Y quizá sea el momento de empezar a tratarlo como tal.

¿Por qué un olor puede impresionarnos tanto?

Todos hemos experimentado alguna vez cómo un olor puede transportarnos a un recuerdo, hacernos sentir incómodos o provocarnos una reacción inmediata.

El olor de una casa antigua puede recordarnos a nuestros abuelos. El humo puede ponernos en alerta porque lo relacionamos con un incendio. Un olor desagradable puede hacernos pensar que algo está descomponiéndose, aunque no sepamos exactamente de dónde procede.

El olfato está muy relacionado con nuestros recuerdos y nuestras emociones. Por eso, determinados olores pueden provocarnos sensaciones muy intensas antes incluso de que hayamos tenido tiempo de pensar qué los está causando.

Esto es especialmente interesante cuando hablamos de investigaciones paranormales.

Imaginemos que estamos investigando una vivienda abandonada. Es de noche, hay poca iluminación y todos los integrantes del equipo están pendientes de cualquier ruido o movimiento. De repente, uno de los compañeros dice que huele algo parecido a carne podrida.

En ese momento, el ambiente puede cambiar por completo.

Alguien empieza a pensar que podría haber una presencia. Otro recuerda haber escuchado historias sobre apariciones acompañadas de olores desagradables. Un tercero comienza a buscar explicaciones relacionadas con el lugar.

Y, casi sin darnos cuenta, el olor deja de ser simplemente un olor para convertirse en una posible señal de algo extraordinario.

Pero ¿qué sabemos realmente?

Sabemos que una persona ha percibido un olor que le resulta desagradable y que lo ha relacionado con algo parecido a la carne podrida. Eso es lo que tenemos inicialmente.

Todavía no sabemos de dónde procede, si existe una fuente física que lo explique, si otras personas lo han percibido de la misma manera o si se trata de una alteración de la percepción.

Tampoco podemos afirmar que tenga un origen paranormal.

Puede parecer una distinción demasiado evidente, pero es fundamental. Cuando investigamos, debemos aprender a separar lo que una persona experimenta de la explicación que damos a esa experiencia.

Y esto no significa que debamos desconfiar automáticamente de los testigos. Una persona puede describir sinceramente lo que ha sentido y, al mismo tiempo, equivocarse al interpretar su causa.

Son dos cuestiones diferentes.

De hecho, una de las cosas que más deberíamos cuidar en cualquier investigación es precisamente esa: escuchar al testigo sin imponerle nuestras propias ideas y sin convertir su experiencia en algo que todavía no hemos demostrado.

Si alguien nos dice que ha percibido un olor extraño, lo correcto es preguntarle qué ha notado, cuándo ha sucedido y cómo lo describiría. No necesitamos decirle de antemano que podría tratarse de azufre, de un demonio o de cualquier otra cosa.

Dejemos que explique lo que ha percibido con sus propias palabras.

Después tendremos tiempo para analizarlo.

El famoso olor a azufre y su relación con lo paranormal

Si hay un olor que aparece con frecuencia en los relatos relacionados con supuestas apariciones, entidades y fenómenos extraños, ese es el olor a azufre.

En muchas historias, el azufre se relaciona directamente con el infierno, los demonios y las presencias malignas. Es una asociación que forma parte de nuestro imaginario cultural y que aparece en relatos religiosos, leyendas y narraciones populares.

El problema llega cuando esa asociación se traslada directamente a una investigación.

Imaginemos que estamos en un edificio antiguo y uno de los integrantes del equipo dice que acaba de notar un olor parecido al de un huevo podrido. Alguien responde inmediatamente que eso es azufre. Otro recuerda que ha leído que el azufre está relacionado con las manifestaciones demoníacas.

En pocos segundos, un olor que todavía no hemos identificado puede terminar convertido en una supuesta prueba de la presencia de una entidad.

¿No sería más razonable detenernos un momento y comprobar qué está pasando?

Para empezar, el olor a huevo podrido suele asociarse al sulfuro de hidrógeno, un gas que puede aparecer en determinados procesos de descomposición y en algunos entornos naturales o instalaciones. También existen otras sustancias y fuentes ambientales que pueden producir olores penetrantes o desagradables.

Es decir, hay explicaciones que debemos considerar antes de llegar a una conclusión extraordinaria.

Además, conviene aclarar algo que a veces se pasa por alto: el azufre elemental puro no tiene el característico olor que solemos atribuirle. Cuando hablamos de olor a azufre, normalmente nos referimos a determinados compuestos que contienen azufre y que sí pueden desprender olores muy intensos.

No hace falta convertir una investigación paranormal en una clase de química para entender la importancia de este detalle. Basta con saber que identificar un olor únicamente por nuestra impresión inicial puede llevarnos a cometer errores.

Y aquí entra en juego otra cuestión interesante: la relación entre los olores y las creencias que tenemos previamente.

Si hemos escuchado durante años que el olor a azufre es una señal demoníaca, es posible que interpretemos un olor parecido desde esa perspectiva. No necesariamente porque queramos engañar a nadie, sino porque nuestro cerebro utiliza los conocimientos, recuerdos y asociaciones que ya tiene para intentar comprender lo que sucede.

Por eso considero importante no dar por hecho que todos los olores desagradables tienen una relación con lo paranormal.

Un olor puede resultar extraño, intenso o difícil de identificar. Puede aparecer en un momento que nos llame la atención. Incluso puede coincidir con otro suceso que estemos investigando.

Pero la coincidencia no demuestra que ambos acontecimientos estén relacionados.

Si durante una investigación percibimos un olor parecido al azufre, lo primero que deberíamos hacer es intentar localizar su origen. Comprobar el entorno, las posibles fuentes de contaminación, las instalaciones cercanas y las condiciones del lugar puede proporcionarnos información mucho más útil que empezar a hablar de entidades.

Y si después de realizar las comprobaciones no encontramos una explicación, tendremos un dato que merece seguir investigándose.

No una prueba definitiva de actividad paranormal, sino una observación cuyo origen todavía no hemos conseguido aclarar.

Para mí, esa diferencia es esencial.

Cuando el olor aparece y desaparece sin explicación aparente

Hay otro aspecto que me parece especialmente interesante: los casos en los que un testigo asegura que ha percibido un olor muy intenso durante unos segundos y que, de repente, ha desaparecido.

Este tipo de situaciones puede resultar llamativo, sobre todo cuando varias personas afirman haberlo notado al mismo tiempo.

Pero volvemos a encontrarnos con la misma pregunta: ¿qué ha ocurrido realmente?

En primer lugar, debemos tener en cuenta que los olores no se comportan siempre de la misma manera. Las corrientes de aire, la ventilación, las características del edificio y la presencia de una fuente concreta pueden hacer que un olor llegue hasta nosotros y desaparezca poco después.

También existe un fenómeno bastante cotidiano: podemos acostumbrarnos a un olor y dejar de percibirlo con la misma intensidad, aunque siga presente. Es algo que sucede, por ejemplo, cuando entramos en una habitación con un olor determinado y, al cabo de un rato, dejamos de notarlo.

Por eso, que un olor desaparezca no significa necesariamente que haya dejado de existir su fuente.

Ahora bien, tampoco debemos dar por hecho que todas las situaciones tienen una explicación sencilla que podemos identificar inmediatamente. Puede ocurrir que no consigamos localizar el origen del olor o que la información disponible no sea suficiente para establecer una conclusión.

En esos casos, lo razonable es reconocer nuestras limitaciones.

Si durante una investigación varios compañeros perciben un olor extraño, deberíamos registrar cuándo aparece, cuánto tiempo permanece, dónde se nota con mayor intensidad y si todos lo perciben de la misma manera.

También conviene observar si el olor parece concentrarse en una zona determinada o si cambia cuando nos desplazamos.

Estos detalles pueden ayudarnos a investigar posibles fuentes ambientales y a comprender mejor lo sucedido.

Lo que no deberíamos hacer es afirmar que un olor ha desaparecido de forma imposible o sobrenatural simplemente porque no hemos conseguido encontrar una explicación.

No encontrar una causa no significa haber demostrado una causa paranormal.

Y, aunque esta idea pueda parecer poco espectacular, es precisamente lo que permite mantener una investigación abierta a distintas posibilidades.

¿Y si solamente una persona percibe el olor?

Esta es una de las cuestiones que considero más importantes.

Imaginemos que estamos investigando una casa y uno de los integrantes del equipo asegura que acaba de percibir un olor muy desagradable. Sin embargo, cuando preguntamos a los demás, ninguno ha notado nada.

¿Qué hacemos en ese caso?

Lo primero es no ridiculizar al compañero ni dar por hecho que está inventando lo sucedido. Que los demás no hayan percibido el olor no significa automáticamente que esa persona esté mintiendo.

Pero tampoco podemos concluir que el olor procede de una presencia paranormal.

Existen situaciones en las que una persona puede percibir un olor sin que haya una fuente externa identificable. A esta experiencia se la conoce como fantosmia.

Las alteraciones de la percepción olfativa pueden tener diferentes causas, y una investigación paranormal no es el lugar adecuado para diagnosticar a nadie. Si estas percepciones son recurrentes o aparecen fuera de las investigaciones, lo razonable es consultar con un profesional sanitario.

Dicho esto, desde el punto de vista de una investigación, hay una diferencia importante entre un olor que percibe una sola persona y otro que identifican varios testigos de manera independiente.

Si tres personas que se encuentran en el mismo lugar aseguran haber percibido un olor extraño, tenemos más información que si solamente lo ha notado una.

Pero cuidado: eso tampoco demuestra por sí mismo que exista un fenómeno paranormal.

Varias personas pueden percibir una misma sustancia presente en el ambiente. También pueden influirse mutuamente, especialmente si una de ellas describe el olor antes de que las demás hayan tenido oportunidad de explicar lo que han notado.

Por eso es importante preguntar a cada testigo por separado.

Si alguien dice que ha notado algo extraño, podemos pedir a los demás que describan lo que han percibido sin decirles previamente qué ha explicado su compañero.

De esta manera reducimos el riesgo de que las respuestas estén condicionadas por las expectativas de otras personas.

No es una garantía absoluta de objetividad, pero sí una forma de recoger información más útil.

También deberíamos registrar si los testigos se encontraban en el mismo lugar, si percibieron el olor al mismo tiempo y si lo describieron de manera parecida.

Cuantos más detalles tengamos, mejor podremos valorar lo sucedido.

Lo importante es no confundir la existencia de una experiencia compartida con la demostración de una explicación concreta.

Que varias personas hayan percibido un olor puede ser un dato relevante. Averiguar de dónde procede es otra cuestión.

El peligro de la sugestión durante una investigación paranormal

Si hay algo que debemos vigilar cuando salimos a investigar, es la facilidad con la que nuestras expectativas pueden influir en la interpretación de lo que ocurre.

Todos tenemos ideas preconcebidas. Hemos leído historias, visto documentales, escuchado testimonios y aprendido a relacionar determinados sonidos, lugares u olores con situaciones concretas.

No tiene nada de extraño. Forma parte de nuestra manera de entender el mundo.

El problema aparece cuando dejamos que esas asociaciones decidan por nosotros antes de comprobar los hechos.

Pongamos un ejemplo.

Estamos en una casa abandonada y alguien dice que ha percibido un olor parecido al de un animal muerto. Inmediatamente, otro compañero comenta que ese tipo de olor se ha relacionado en otras ocasiones con supuestas apariciones.

A partir de ahí, todo el mundo empieza a prestar atención al ambiente de otra manera. Cualquier ruido parece más inquietante y cualquier sensación puede interpretarse como una señal de que algo está presente.

¿Ha cambiado realmente el lugar o ha cambiado nuestra forma de interpretarlo?

Es una pregunta que merece la pena hacerse.

Cuando una persona nos sugiere qué deberíamos sentir o percibir, puede influir en nuestra experiencia. Si alguien nos dice que en una habitación huele a azufre, es posible que empecemos a interpretar un olor poco definido de acuerdo con esa descripción.

Lo mismo puede suceder con los sonidos y las imágenes. Una grabación ambigua puede parecernos una voz cuando alguien nos dice previamente qué palabras deberíamos escuchar.

Por eso, en mis reflexiones sobre la investigación paranormal, considero fundamental evitar las preguntas que condicionan las respuestas.

No es lo mismo preguntar a un testigo si ha notado algo extraño en el ambiente que preguntarle directamente si ha olido azufre.

La primera pregunta permite que describa su experiencia. La segunda introduce una posibilidad concreta que puede influir en su respuesta.

Y esto es importante porque, si queremos investigar con rigor, necesitamos saber qué ha percibido realmente el testigo y qué parte de su explicación puede estar relacionada con sus propias expectativas.

No se trata de desconfiar de todo el mundo. Se trata de reconocer que la percepción humana no es infalible.

Podemos equivocarnos sin querer. Podemos interpretar mal un olor, confundirlo con otro o relacionarlo con una experiencia anterior.

Y aceptar esa posibilidad no nos convierte en peores investigadores. Al contrario, nos ayuda a ser más cuidadosos.

En mi opinión, el objetivo no debería ser conseguir que todos los elementos de una investigación encajen en una historia paranormal, sino averiguar qué información tenemos y qué podemos concluir realmente a partir de ella.

Cómo preguntar a un testigo que asegura haber percibido un olor extraño

Cuando alguien nos cuenta que ha experimentado algo fuera de lo normal, la forma en que recogemos su testimonio puede marcar una diferencia importante.

Si queremos obtener información útil, debemos dejar que la persona explique lo sucedido con sus propias palabras.

Imaginemos que un testigo asegura que, mientras caminaba por un pasillo, notó un olor desagradable que desapareció unos segundos después.

En lugar de preguntarle inmediatamente si olía a azufre, podríamos empezar por cuestiones más abiertas:

¿Qué notaste exactamente?

¿Dónde estabas cuando lo percibiste?

¿Recuerdas qué estabas haciendo en ese momento?

¿Cuánto tiempo duró aproximadamente?

¿Habías notado algo parecido antes?

¿Lo percibiste solamente tú o había otras personas cerca?

¿Puedes describir a qué se parecía?

Son preguntas sencillas, pero permiten recoger información sin introducir de antemano una explicación.

También debemos tener cuidado con las palabras que utiliza el testigo.

Si nos dice que olía a algo quemado, anotaremos esa descripción. Si lo compara con un desagüe, un animal muerto o una sustancia química, registraremos lo que ha dicho sin sustituirlo por una interpretación nuestra.

No es necesario que el testigo utilice términos técnicos para que su declaración sea útil.

De hecho, cuanto menos condicionemos sus respuestas, mejor podremos analizar posteriormente la información.

Si durante la entrevista le decimos que otras personas han relacionado ese olor con una entidad, podemos estar introduciendo una idea que antes no tenía. Después será más difícil distinguir entre su recuerdo inicial y las interpretaciones que ha escuchado.

Por eso considero conveniente recoger las declaraciones de manera individual antes de ponerlas en común.

Una vez tengamos los testimonios, podremos comparar las descripciones y comprobar qué elementos coinciden y cuáles son diferentes.

También es importante no presionar a nadie para que recuerde detalles que no tiene claros.

Si una persona no sabe explicar a qué olía, debemos aceptar esa respuesta. No hay necesidad de insistir hasta conseguir una descripción que encaje con nuestra hipótesis.

Y, por supuesto, si un testigo asegura que ha percibido un olor extraño, debemos registrar esa información aunque finalmente encontremos una explicación completamente normal.

Investigar no consiste únicamente en anotar aquello que parece inexplicable. También consiste en documentar lo que nos permite descartar una hipótesis.

No todo lo que huele mal es azufre

Parece una afirmación obvia, pero creo que merece la pena detenerse en ella.

Cuando hablamos de olores extraños en una investigación paranormal, es frecuente que aparezcan palabras como azufre, gas, quemado o putrefacción.

Sin embargo, el olfato no funciona como un aparato que identifica automáticamente una sustancia y nos proporciona su nombre.

Podemos reconocer un olor porque nos recuerda a algo, pero eso no significa que hayamos identificado químicamente su origen.

Si una persona dice que ha percibido un olor parecido al de los huevos podridos, tenemos una descripción que puede orientarnos. Pero no podemos asegurar únicamente por esa descripción que el origen sea el sulfuro de hidrógeno.

Lo mismo ocurre cuando alguien habla de olor a quemado, a metal o a una sustancia química.

Son comparaciones útiles para empezar a investigar, no identificaciones definitivas.

Y aquí entran en juego las características del lugar.

No es lo mismo investigar una vivienda habitada que un edificio abandonado, una antigua fábrica, una cueva o una zona cercana a un río.

En una vivienda puede haber problemas de saneamiento, instalaciones defectuosas, productos de limpieza o alimentos en descomposición. En un edificio industrial podrían existir residuos, sustancias almacenadas o conducciones que desprendan olores. En determinados entornos naturales pueden producirse emanaciones procedentes de la materia orgánica o del propio terreno.

Cada lugar tiene sus particularidades.

Por eso, antes de atribuir un olor a un fenómeno paranormal, debemos conocer el entorno en el que se ha producido.

¿Hay viviendas cerca? ¿Existen alcantarillas o desagües? ¿Hay instalaciones industriales? ¿El edificio tiene sótanos, pozos o zonas mal ventiladas? ¿Se han utilizado productos químicos en el lugar?

Son preguntas mucho más útiles que empezar a buscar una explicación sobrenatural.

Además, hay una cuestión de seguridad que no podemos ignorar.

Si durante una investigación percibimos un olor que podría indicar una fuga de gas o la presencia de una sustancia peligrosa, debemos dejar de investigar y actuar con prudencia. No debemos acercarnos para intentar identificarlo, permanecer en el lugar para realizar mediciones por curiosidad ni utilizar aparatos que puedan generar una chispa si existe la posibilidad de una atmósfera inflamable.

La prioridad es abandonar la zona cuando corresponda y avisar a los servicios competentes.

Ninguna investigación paranormal merece poner en riesgo nuestra salud.

Y esto conviene recordarlo, porque en ocasiones nos dejamos llevar por la curiosidad y olvidamos que estamos investigando lugares que pueden tener peligros reales.

¿Podemos utilizar aparatos para investigar los olores?

Estamos acostumbrados a utilizar dispositivos para registrar diferentes aspectos del entorno. Por eso, es razonable preguntarse si existen herramientas que nos permitan comprobar qué está ocurriendo cuando percibimos un olor extraño.

La respuesta es que sí existen instrumentos capaces de detectar determinados gases y sustancias presentes en el aire.

Sin embargo, hay que entender sus limitaciones.

Un detector de gases no sirve para identificar cualquier olor ni puede decirnos si un fenómeno tiene un origen paranormal. Cada aparato está diseñado para medir determinadas sustancias, y sus resultados dependen de sus características, de su calibración y de las condiciones en las que se utiliza.

Por tanto, no basta con llevar un detector en la mochila y comprobar si muestra alguna variación.

Primero debemos saber qué mide, qué sustancias puede detectar y qué información nos proporciona realmente.

Si varios testigos perciben un olor extraño y queremos comprobar si existe una fuente ambiental, un instrumento adecuado puede ayudarnos a investigar determinadas posibilidades.

Pero si el aparato no detecta nada, tampoco podemos concluir automáticamente que el olor no tenía una causa física. Puede que el dispositivo no mida la sustancia responsable, que la concentración esté fuera de su capacidad de detección o que la medición se haya realizado demasiado tarde.

Es decir, un resultado negativo no descarta todas las posibilidades.

Y lo mismo ocurre cuando un aparato registra una variación.

Que un medidor indique un cambio no significa que hayamos detectado una presencia. Para interpretar el resultado necesitamos conocer qué mide el dispositivo, qué condiciones había en ese momento y qué otras explicaciones podrían justificar esa lectura.

Esta forma de trabajar puede parecer menos emocionante que atribuir inmediatamente una anomalía a una entidad, pero permite obtener información mucho más útil.

En una investigación de campo, cada aparato tiene una función concreta. Debemos utilizarlo para aquello que realmente puede medir y no pedirle respuestas que no está preparado para proporcionar.

Lo mismo sucede con el olfato.

Nuestra nariz puede advertirnos de que algo ha cambiado en el ambiente, pero no identifica por sí sola la sustancia responsable ni demuestra que haya ocurrido un fenómeno paranormal.

La observación es el comienzo de la investigación, no su conclusión.

La importancia de anotar todo lo que sucede

Hay otro error que podemos cometer durante una investigación: confiar demasiado en nuestra memoria.

Imaginemos que durante una salida nocturna uno de los compañeros percibe un olor extraño a las once de la noche. El olor dura unos segundos, desaparece y el equipo continúa investigando.

Al día siguiente intentamos recordar lo sucedido.

¿A qué hora exacta apareció? ¿Cuánto tiempo duró? ¿Estábamos todos en el mismo lugar? ¿Había viento? ¿Alguien había abierto una puerta? ¿El olor apareció antes o después de escuchar aquel ruido?

Puede que recordemos algunos detalles, pero también es posible que otros se mezclen o que acabemos completando los espacios que nuestra memoria no conserva con claridad.

Por eso considero importante llevar un registro de las incidencias durante el trabajo de campo.

No hace falta elaborar un documento complicado. Una ficha sencilla puede ser suficiente para empezar.

En ella podemos anotar la fecha, la hora, el lugar, las personas presentes, la descripción del olor, su duración aproximada y las circunstancias en las que apareció.

También conviene registrar si los testigos lo percibieron de forma independiente, qué estaban haciendo en ese momento y si se observaron otras circunstancias que pudieran ayudar a explicar lo sucedido.

Si tenemos fotografías, grabaciones o mediciones realizadas durante el episodio, podemos asociarlas al registro para facilitar su análisis posterior.

Lo importante es no esperar a terminar la investigación para intentar reconstruir todos los detalles.

Y hay algo más: debemos anotar también las comprobaciones que no han dado el resultado esperado.

Si revisamos una habitación y no encontramos una fuente evidente, lo registramos. Si descubrimos que el olor procede de un desagüe, también. Si no conseguimos determinar su origen, dejamos constancia de ello.

No debemos ocultar los resultados que no encajan con nuestras expectativas.

De hecho, encontrar una explicación normal puede ser uno de los resultados más valiosos de una investigación. Nos permite conocer mejor el lugar, descartar una hipótesis y evitar que otras personas interpreten posteriormente el mismo suceso de manera equivocada.

A veces parece que solamente consideramos interesante una investigación cuando obtenemos algo inexplicable.

Yo creo que es un error.

Una investigación también puede ser útil cuando nos permite demostrar que aquello que parecía extraño tenía una explicación que no habíamos considerado al principio.

Mi manera de entender estas experiencias: observar antes de interpretar

Después de reflexionar sobre la importancia del olfato en las investigaciones paranormales, creo que hay una idea que merece quedarse con nosotros: no deberíamos ignorar una experiencia simplemente porque no encaje con los métodos de registro a los que estamos acostumbrados.

Si alguien percibe un olor extraño durante una investigación, debemos anotarlo. Si varias personas lo perciben al mismo tiempo, conviene recoger sus testimonios de forma independiente. Si el olor aparece y desaparece, debemos registrar las circunstancias y estudiar qué puede explicarlo.

Pero también debemos evitar el error contrario: pensar que, porque no encontramos una explicación inmediata, estamos ante algo sobrenatural.

Entre descartar una experiencia sin investigarla y atribuirla directamente a una entidad existe un espacio enorme en el que podemos trabajar.

Es precisamente ahí donde considero que debe situarse una investigación seria.

No tenemos por qué conocer todas las respuestas desde el principio. Tampoco necesitamos decidir inmediatamente si un fenómeno es paranormal o no.

Podemos reconocer que algo ha sucedido, documentarlo y continuar investigando.

Y si después de realizar las comprobaciones seguimos sin encontrar una explicación, lo honesto es decirlo.

No sabemos qué lo ha provocado.

Esa respuesta puede resultar poco espectacular, especialmente en un ámbito en el que a veces parece que todo tiene que terminar con una conclusión extraordinaria. Pero reconocer que no tenemos información suficiente es mucho más razonable que inventar una explicación para cerrar el caso.

También debemos recordar que una experiencia puede ser completamente real para la persona que la vive sin que su interpretación sea necesariamente correcta.

Un testigo puede haber percibido un olor que le ha provocado miedo, náuseas o una sensación de peligro. Debemos escuchar su relato y tratarlo con respeto, pero sin confundir sus sensaciones con una prueba de que existe una entidad.

Lo mismo ocurre con cualquier otra experiencia paranormal.

Una sombra puede ser real como percepción sin que sepamos qué la ha producido. Un ruido puede haberse escuchado realmente sin que proceda de una presencia. Un olor puede haber sido percibido por varias personas sin que eso demuestre una causa sobrenatural.

El trabajo del investigador consiste precisamente en intentar averiguar qué hay detrás de esas experiencias.

Y para hacerlo necesitamos algo más que aparatos, fotografías y grabaciones. Necesitamos paciencia, capacidad de observación y disposición para cuestionar nuestras propias conclusiones.

Porque el principal problema no siempre es que nos falte información. A veces es que interpretamos demasiado pronto la que tenemos.

Un protocolo sencillo para investigar olores extraños en el campo

Para terminar, creo que merece la pena reunir algunas pautas prácticas que podemos aplicar cuando alguien percibe un olor extraño durante una investigación.

No se trata de un método que garantice una explicación, sino de una forma de organizar el trabajo y evitar errores que pueden complicar el análisis posterior.

1. Anotar el momento en que aparece.

Registra la hora, el lugar exacto y las circunstancias. Si el olor desaparece, anota también cuánto tiempo ha durado aproximadamente.

2. Dejar que cada testigo explique lo que ha percibido.

Evita sugerirle que se trata de azufre, de un animal muerto o de cualquier otra sustancia. Pregunta qué ha notado y deja que lo describa con sus propias palabras.

3. Comprobar si otras personas lo han percibido.

Si hay varios testigos, recoge sus declaraciones por separado antes de ponerlas en común. Así podrás comprobar qué elementos coinciden sin condicionar sus respuestas.

4. Revisar el entorno.

Comprueba si existen desagües, instalaciones, productos químicos, residuos, materia orgánica en descomposición u otras fuentes que puedan explicar el olor. Hazlo siempre sin exponerte a sustancias potencialmente peligrosas.

5. Registrar las condiciones del lugar.

Anota si había corrientes de aire, puertas abiertas, sistemas de ventilación funcionando o cualquier otra circunstancia que pueda ayudar a comprender cómo se ha extendido el olor.

6. Utilizar instrumentos adecuados cuando sea necesario.

Si existen motivos para sospechar la presencia de determinados gases o sustancias, recurre a equipos diseñados para detectarlos y, cuando corresponda, a profesionales cualificados. No interpretes una lectura como prueba de actividad paranormal.

7. No olvidar las explicaciones relacionadas con la percepción.

Si solamente una persona percibe el olor y no se encuentra una fuente ambiental, registra ese dato sin emitir diagnósticos. Si la experiencia se repite, puede ser conveniente que la persona consulte con un profesional sanitario.

8. Analizar la información una vez terminada la investigación.

Compara las declaraciones, revisa las anotaciones y estudia las posibles explicaciones. No saques conclusiones definitivas mientras todavía estés intentando comprender lo ocurrido.

9. Aceptar que puede no haber una respuesta.

Si después de todas las comprobaciones no consigues identificar el origen del olor, déjalo reflejado en el informe. No es necesario atribuirlo a una entidad para considerar que el caso merece seguir estudiándose.

Y, sobre todo, recuerda que la seguridad está por encima de cualquier investigación. Si sospechas que existe una fuga de gas o una sustancia peligrosa, abandona la zona y avisa a los servicios correspondientes.

Conclusión: no busquemos solamente lo que esperamos encontrar

En las investigaciones paranormales hablamos constantemente de cámaras, psicofonías, medidores y otros dispositivos que nos permiten registrar diferentes aspectos de nuestro entorno. Sin embargo, hay experiencias que también merecen nuestra atención, aunque no podamos capturarlas con una fotografía o una grabación.

Los olores extraños son un buen ejemplo.

Pueden aparecer en un momento que nos llame la atención, ser percibidos por varias personas y desaparecer sin que consigamos identificar su origen. También pueden estar relacionados con sustancias presentes en el ambiente, con las características del lugar o con la propia percepción de quien los experimenta.

Lo importante es no confundir estas posibilidades ni decidir de antemano cuál de ellas es la correcta.

A mi juicio, una investigación paranormal debe comenzar con una pregunta sencilla: ¿qué ha sucedido realmente?

Después vendrán las comprobaciones, el análisis y las posibles explicaciones.

No al revés.

Si un olor nos parece extraño, investiguémoslo. Si encontramos una explicación, anotémosla. Si no conseguimos identificar su origen, reconozcamos que todavía no tenemos una respuesta.

Lo que no debemos hacer es convertir automáticamente una experiencia desconocida en una prueba de aquello que creemos que puede estar ocurriendo.

Al final, la diferencia entre una investigación y una simple interpretación está en la forma en que trabajamos con la información que tenemos.

Y quizá deberíamos recordar esto cada vez que salgamos al campo: no se trata de conseguir que todo lo que sucede encaje en nuestra idea de lo paranormal, sino de estar dispuestos a descubrir que la realidad puede ser diferente de lo que esperábamos.

Porque investigar no consiste en encontrar respuestas a cualquier precio.

Consiste en hacer las preguntas adecuadas, comprobar lo que podamos y tener la honestidad de reconocer aquello que todavía no sabemos.

domingo, septiembre 20, 2026

amado gurú, : mi reseña del último libro de J. J. Benítez

 

AMADO GURÚ, de J. J. Benítez: cuando los extraterrestres intentan entendernos


Hay libros que uno empieza a leer esperando encontrar respuestas y otros que, sin pretenderlo, consiguen algo que para mí resulta incluso más interesante: hacerte preguntas. El querido gurú, el último libro de J. J. Benítez, pertenece bastante a esta segunda categoría. Y reconozco que, en esta ocasión, me he encontrado con un Benítez diferente al que quizá muchos lectores esperan. Aquí hay misterio, hay extraterrestres, hay imaginación y hay muchas de esas preguntas que llevan acompañando al autor durante décadas, pero también hay algo que quizá no esperaba encontrar con tanta presencia: humor. Y además un humor bastante peculiar.

miércoles, septiembre 02, 2026

Reseña: «No tengo miedo a la muerte» del Dr. Miguel Ángel Pertierra | ECM y Conciencia

 


Reseña de «No tengo miedo a la muerte»

Análisis del último libro del Dr. Miguel Ángel Pertierra


Por Javier Lobato | Publicado para www.javierlobato.org


«Afrontar los enigmas de la mente y del más allá requiere la precisión del bisturí científico y la sensibilidad de quien comprende el misterio del alma. En No tengo miedo a la muerte: Descubriendo el velo del más allá, mi querido amigo Miguel Ángel vuelve a demostrar que la ciencia y la trascendencia están destinadas a entenderse.»



La Amistad, el Respeto y un Libro Necesario


Hablar de la obra del Dr. Miguel Ángel Pertierra Quesada es para mí un ejercicio de gratitud, profunda admiración y camaradería. A lo largo de los años, he tenido el privilegio no solo de seguir de cerca su trayectoria como médico especialización clínica, investigador riguroso y comunicador magistral, sino de compartir reflexiones sobre los enigmas que han desvelado a la humanidad desde tiempos inmemoriales.

Su último libro, rotulado bajo el contundente y valiente título No tengo miedo a la muerte: Descubriendo el velo del más allá, representa un punto de inflexión maduro en su carrera. No estamos ante un simple compendio de testimonios o un tratado teórico más; es el resultado directo de su propia vivencia, de sus investigaciones médicas de campo y de décadas de ejercicio profesional en el ámbito sanitario. Miguel Ángel aborda con valentía el tabú más grande de la sociedad occidental con una prosa ágil, rigurosa y profundamente humana.

lunes, agosto 31, 2026

MITOS, LEYENDAS Y REYES DE LOS CÁRPATOS: LA VERDADERA HISTORIA DE VLAD III ȚEPEȘ Y EL FOLCLORE VAMPÍRICO DE RUMANÍA Y MOLDAVIA

Cuadernos de Misterio e Historia

Mitos, Leyendas y Reyes de los Cárpatos

Un recorrido exhaustivo por la mitología dacia, los mitos vampíricos auténticos, la verdadera figura de Vlad III Țepeș y la riqueza folclórica de la Europa del Este.



Todo comenzó hace unos dias durante una emisión en directo en mi canal de TikTok. Como ya sabéis quienes me seguís habitualmente en mis redes, me encanta improvisar debates en vivo sobre misterios históricos, leyendas urbanas y enigmas no resueltos. En mitad de la retransmisión, entre decenas de comentarios que pasaban velozmente por la pantalla, me llamó la atención el mensaje de un espectador. Me escribía directamente desde Rumanía. Estaba haciendo una ruta en coche por el país y me contaba, con cierta desesperación, que se encontraba buscando un castillo del que no recordaba el nombre exacto, pero del que le habían hablado como un lugar cargado de historias oscuras y misteriosas, alejado de las típicas rutas turísticas masificadas como Bran. Me preguntó si yo tenía información de ese castillo.

miércoles, agosto 26, 2026

¿Estamos preparados para la Superinteligencia Artificial? | Reflexión y Riesgos

 ¿ESTAMOS PREPARADOS PARA CREAR UNA INTELIGENCIA SUPERIOR A LA NUESTRA?



Una reflexión personal sobre la superinteligencia artificial, sus posibilidades y sus riesgos


¿Por qué este tema me preocupa?

No soy experto en inteligencia artificial. Lo digo desde el principio: no soy ingeniero especializado en IA, no desarrollo modelos ni tengo conocimientos técnicos profundos sobre los mecanismos internos de los sistemas más avanzados. Sin embargo, llevo tiempo leyendo, comparando opiniones y tratando de entender hacia dónde nos dirige esta tecnología.

Cuanto más he profundizado, menos tranquilo me he quedado.

Los Pacientes que Despertaron 40 Años Después: El Enigma de la Encefalitis Letárgica

WWW.JAVIERLOBATO.ORG — ARCHIVOS DE LO OCULTO Y LA HISTORIA

Los Pacientes que Despertaron 40 Años Después

Investigación sobre enigmas médicos y sombras del siglo XX

Me encontré con este suceso hace ya bastante tiempo por pura casualidad, mientras navegaba entre viejos archivos digitalizados y crónicas médicas sobre los grandes enigmas sin resolver del siglo XX. En aquel momento anoté el caso en mis cuadernos de investigación y continué con otros temas. Sin embargo, lo verdaderamente inquietante de las historias olvidadas es que a veces parecen reclamar su turno: a lo largo de los últimos años, este extraño caso se me ha vuelto a poner delante de mí en varias ocasiones, a través de lecturas fortuitas, referencias cruzadas en otros documentos y conversaciones sobre misterios de la medicina.

domingo, agosto 23, 2026

El Ocaso de la Razón: el ocultismo en el Tercer Reich

 El Ocaso de la Razón — El Compacto Ocultista del Tercer Reich



La luz de mi escritorio apenas alcanza a iluminar las estanterías que tengo alrededor. Entre ellas se acumulan, desde hace años, libros que comparten una temática que siempre me ha llamado especialmente la atención: la relación entre la historia bélica, las creencias ocultistas y ese lado más extraño de algunos de los grandes acontecimientos del siglo XX.

Es un tema que me fascina porque, más allá de las leyendas y de todo lo que se ha contado después, existe una parte histórica que merece ser estudiada con calma. En mi biblioteca tengo unos cuantos volúmenes dedicados a ello y, de vez en cuando, vuelvo a ellos buscando nuevos detalles, contrastando datos o simplemente intentando separar lo que está documentado de lo que terminó convirtiéndose en mito.

Reseña: «Nocturnos» de Javier Pérez Campos

«Nocturnos» de Javier Pérez Campos – Un viaje al reverso de la realidad




Como investigador de lo insólito y entusiasta de las historias que se ocultan en los pliegues de la historia, siempre ando buscando lecturas que no solo entretengan, sino que me hagan cuestionar la realidad. Recientemente he devorado «Nocturnos. Nada nos hace sentir más vivos que ver salir el sol y saber que hemos sobrevivido a otra noche» (Editorial Planeta), la última obra de Javier Pérez Campos. Tras cerrar el libro, siento que es necesario dejar constancia de por qué esta obra destaca frente a otras: no es solo un libro de misterio, es una experiencia que debemos diseccionar con el mismo rigor con el que tratamos nuestras propias investigaciones.

domingo, agosto 16, 2026

Diccionario de Parapsicología: conceptos y fenómenos paranormales

Javier Lobato · Investigación y pensamiento crítico

Diccionario de Parapsicología

Conceptos, fenómenos, investigadores y casos controvertidos

Una aproximación personal al vocabulario de lo paranormal

Introducción: entrar en el territorio de lo inexplicado

Llevo prácticamente un año trabajando en este artículo. Lo que comenzó como una idea sencilla, reunir en un mismo lugar los términos más curiosos de la parapsicología, terminó convirtiéndose en un recorrido mucho más amplio por conceptos, investigadores y algunos de los casos más conocidos del mundo del misterio.

Quizás se pregunte,querido lector, ¿por qué escribir este tocho infumable sobre parapsicoligía verdad?, la respuesta es sencilla.

sábado, agosto 15, 2026

Anatomía de las casas encantadas, de Iván Mourin | Reseña

La arquitectura del miedo: Una mirada a Anatomía de las casas encantadas




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Desde que comencé mi andadura en el mundo del misterio, siempre me ha fascinado la relación intrínseca entre el ser humano y los lugares que habitamos. Como sabéis, mi pasión por la historia y las curiosidades de Sevilla me ha llevado a investigar rincones sombríos, casas con historia y leyendas urbanas durante años. Mi labor no se queda solo en el dato histórico; busco esa chispa, esa atmósfera que permanece cuando el sol se oculta y las calles de Sevilla se vuelven silenciosas. Sin embargo, en esta búsqueda incesante, uno a veces se topa con obras que no solo te informan, sino que transforman tu manera de mirar. Ese es el caso de 'Anatomía de las casas encantadas', de Iván Mourin.