sábado, agosto 15, 2026

Anatomía de las casas encantadas, de Iván Mourin | Reseña

La arquitectura del miedo: Una mirada a Anatomía de las casas encantadas




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Desde que comencé mi andadura en el mundo del misterio, siempre me ha fascinado la relación intrínseca entre el ser humano y los lugares que habitamos. Como sabéis, mi pasión por la historia y las curiosidades de Sevilla me ha llevado a investigar rincones sombríos, casas con historia y leyendas urbanas durante años. Mi labor no se queda solo en el dato histórico; busco esa chispa, esa atmósfera que permanece cuando el sol se oculta y las calles de Sevilla se vuelven silenciosas. Sin embargo, en esta búsqueda incesante, uno a veces se topa con obras que no solo te informan, sino que transforman tu manera de mirar. Ese es el caso de 'Anatomía de las casas encantadas', de Iván Mourin.


    Tengo que empezar esta reseña con una espina que llevo clavada desde hace demasiado tiempo. Hace años, cuando empezaba a consolidar mi labor como investigador y creador de contenido, tuve la oportunidad de gestionar una entrevista con Iván Mourin. Lo admiro profundamente por su rigor, su capacidad analítica y esa forma tan lúcida de acercarse al misterio sin caer en el sensacionalismo barato. Por un error propio, un fallo de planificación y logística que todavía hoy, cuando releo sus libros, me hace sentir un vacío, esa entrevista no pudo llevarse a cabo. Es algo que lamento profundamente, porque Iván Mourin es, sin duda, una de las mentes más brillantes que tenemos hoy en día dentro del género en España. Me habría encantado poder mirarle a los ojos y preguntarle por tantas cosas.

    Pero hablemos del libro, que es lo que nos ocupa. Cuando abrí 'Anatomía de las casas encantadas', publicado por Ediciones Luciérnaga en 2016, no sabía exactamente qué esperar. Ya había leído sobre casas encantadas, claro; es el pan de cada día en este mundillo. Pero este ensayo se alzó con el Primer Premio Enigmas, y pronto entendí por qué. Aquí no estamos ante una mera recopilación de historias de miedo, de esas que buscan el susto fácil, sino ante un tratado casi forense sobre la naturaleza de las viviendas.

    Lo que más me golpeó de las primeras páginas, y donde creo que Iván y yo sintonizamos de una manera especial, es su premisa base: las casas no son solo ladrillos, vigas y cemento. Son entidades. Son entes vivos. Imagina por un segundo todo lo que ocurre dentro de cuatro paredes a lo largo de décadas o siglos: las alegrías de un nacimiento, las discusiones de una ruptura, el dolor de una enfermedad, el silencio de una muerte. Mourin sostiene que los espacios físicos actúan como una esponja, absorbiendo toda esa carga emocional. Y, sinceramente, es que tiene toda la razón. En mis investigaciones por Sevilla, me he topado con lugares donde, nada más cruzar el umbral, sientes algo diferente. No es sugestión, es algo más. Es como si el aire fuera más denso. Iván explica este fenómeno con una elegancia que envidio.

    Me gusta mucho el enfoque multidisciplinar que aplica. No se limita a la parapsicología. Se apoya en la arquitectura, en cómo el diseño de un edificio puede afectar nuestro estado de ánimo, en la psicología y, por supuesto, en la fotografía. A veces nos obsesionamos con el fenómeno y olvidamos que el continente —la casa, el palacio, el edificio— es una parte fundamental de la ecuación. En este libro, él disecciona el hogar como si fuera un cuerpo humano. ¿Cómo afectan las tuberías? ¿Qué pasa con los campos electromagnéticos? ¿Hasta qué punto la historia que arrastra el terreno sobre el que está construido ese edificio determina lo que allí sucede?

    Coincido plenamente con Iván en que el entorno físico puede ser el detonante o el amplificador de lo que llamamos fenómenos paranormales. No siempre hay que buscar una explicación sobrenatural si primero no hemos descartado lo físico, lo geológico y lo arquitectónico. Es un método que, humildemente, he intentado implementar en mis recorridos por Sevilla. No siempre es fácil; a veces la gente solo quiere escuchar historias de fantasmas, pero si quieres hacer las cosas bien, si quieres investigar con rigor, tienes que mirar más allá. Iván Mourin es el ejemplo perfecto de cómo hacer eso. No busca la respuesta fácil; busca la verdad, por compleja o aburrida que pueda parecer.

    Por cierto, hablando de Iván, no podemos ignorar que su carrera es inmensa. Es criminólogo, guionista, y tiene esa capacidad para narrar que te mantiene enganchado. Sus otras obras, como 'El universo de los otros', 'La mano en el cristal' o su brillante análisis en 'Cine de terror', demuestran que no es un autor de un solo éxito. Es un todoterreno. Cuando lees a Iván, notas que hay lecturas detrás, que hay horas de archivo, que hay un respeto absoluto por el lector. No te intenta vender la moto.

    Recuerdo que cuando leía su análisis sobre cómo los medios y las redes sociales han cambiado nuestra forma de percibir lo paranormal, me sentí muy identificado. Con mi canal, con mi blog www.javierlobato.org, intento precisamente eso: traer el misterio al presente, sin perder el respeto por el pasado. Mourin analiza cómo el espectro, que antes era una figura casi sagrada o temida en el folclore, ahora es casi un objeto de consumo en las redes sociales. Es una reflexión muy necesaria. Estamos desmitificando el miedo al convertirlo en espectáculo, y él advierte sobre las consecuencias de esto.

    Hay partes en el libro que me hicieron detenerme y volver a leerlas varias veces. Especialmente todo lo relacionado con la psicología de la vivienda. Iván sugiere que a veces nosotros mismos, con nuestras neurosis, con nuestras preocupaciones, estamos 'encantando' la casa. Es una idea que me parece fascinante. ¿Cuántas veces lo que llamamos poltergeist no es más que una proyección de nuestra propia inestabilidad mental en un entorno que nos es hostil? Es una perspectiva valiente, porque en este sector mucha gente prefiere no hablar de la mente humana, prefiere hablar de portales, de espíritus, de cosas que vienen de fuera. Pero reconocer que el enemigo —o el aliado— puede estar dentro de nosotros es mucho más complicado, y Mourin lo hace con una maestría que solo alguien que entiende bien la psique humana puede lograr.

    No quiero ser pesado, pero es que este libro me ha acompañado en noches de insomnio, investigando en mi blog qué escribir sobre alguna leyenda de Sevilla. Me ha servido para estructurar mis pensamientos, para cuestionarme lo que veo, para no dar nada por sentado. Y eso es lo más valioso que puede hacer un libro por ti: no darte respuestas, sino ayudarte a hacerte mejores preguntas.

    Cada vez que cierro 'Anatomía de las casas encantadas', tengo la sensación de que entiendo un poco más el mundo. Y entiendo un poco más por qué me gusta tanto lo que hago. A pesar de esa entrevista perdida, que ya he asumido como una lección de humildad, me siento afortunado de que existan mentes como la suya, dispuestas a poner orden en el caos de lo inexplicable.

    Sé que muchos de vosotros me preguntáis a menudo por recomendaciones de libros. Pues bien, aquí lo tenéis. Si el misterio es vuestra pasión, si la historia oculta os hace vibrar como a mí, este ensayo tiene que ocupar un lugar preferente en vuestra biblioteca. No es un libro de usar y tirar; es un libro de consulta, de reflexión.

    En fin, no sé si me estoy extendiendo demasiado, pero es que cuando uno habla de lo que le apasiona, es difícil parar. Solo espero que esta humilde reseña sirva para que, aunque sea una persona más, se acerque a la obra de Iván Mourin. Se lo merece, porque su trabajo es honesto, es valiente y, sobre todo, es necesario.

    Quizás, solo quizás, algún día el destino sea más generoso conmigo y me brinde otra oportunidad de sentarme frente a él, de pedirle perdón por aquel desastre de hace años y de charlar durante horas sobre lo que de verdad importa: la arquitectura, el miedo, y todo eso que se esconde detrás de las sombras de una casa antigua en una ciudad tan llena de misterios como mi Sevilla.

    Gracias, Iván, por escribir, por investigar y por abrirnos los ojos. Y gracias a todos vosotros, que me acompañáis en este viaje, por leer este pequeño análisis. Espero vuestros comentarios, porque al final, investigar es un acto de compartir, ¿no creéis?
    

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