viernes, octubre 23, 2026

OVNIs en tiempos de guerra: casos y misterios históricos

OVNIS EN TIEMPOS DE GUERRA

Un recorrido personal por algunos de los casos más extraños de la historia


Una lectura en primera persona, con curiosidad, contexto histórico y una mirada crítica: porque un misterio merece ser investigado, no convertido automáticamente en una certeza.

Antes de empezar: por qué me interesan estos casos

Cuando me puse a revisar Los ovnis en tiempos de guerra: lo que no querían que supieras, de Mack Maloney, me llamó la atención una idea que aparece una y otra vez: los relatos de objetos extraños en el cielo no se limitan a épocas tranquilas, sino que también aparecen en momentos en los que los seres humanos están inmersos en conflictos. Y eso, como mínimo, merece que nos detengamos a mirar. No quiero presentar cada historia como si estuviera demostrada.

En ufología es fácil pasar de «alguien vio algo que no supo identificar» a «sabemos que era una nave extraterrestre», y entre una cosa y otra hay un salto enorme. Mi intención aquí es recorrer cronológicamente los episodios que recoge el libro, explicar qué estaba pasando en el mundo y señalar cuáles me parecen especialmente llamativos, sin perder de vista las dudas que siguen abiertas. También conviene recordar algo básico: OVNI significa objeto volador no identificado.

No es sinónimo de extraterrestre. Durante una guerra hay aviones, globos, bengalas, explosiones, reflectores, cohetes, humo, fenómenos atmosféricos y personas sometidas a un estrés tremendo. Todo eso complica la identificación.

Pero tampoco creo que la respuesta correcta sea descartar cualquier relato sin examinarlo.

1. Relatos antiguos: Constantino y Alejandro Magno

Uno de los aspectos que más me sorprendió fue encontrar historias que se remontan a la Antigüedad. El libro recoge, entre otros, el relato relacionado con Constantino I, en el año 312, cuando se dirigía a enfrentarse a Majencio por el control del Imperio romano. Según la tradición citada, antes de la batalla apareció una señal en el cielo que fue interpretada como un presagio.

Este episodio me parece interesante sobre todo por el contexto. En el mundo antiguo, los fenómenos celestes podían entenderse como mensajes divinos, señales de victoria o advertencias. Por eso, aunque hoy alguien quiera relacionarlo con un OVNI, primero hay que separar lo que los textos antiguos dicen de la interpretación moderna que hacemos de ellos.

El libro también menciona relatos extraordinarios vinculados a Alejandro Magno. Este tipo de historias me despierta curiosidad, pero también cautela: cuando un episodio se transmite durante siglos, es fundamental comprobar qué fuente lo cuenta, cuándo se escribió y si existe documentación contemporánea. Si esa cadena documental no está clara, lo honesto es tratarlo como una tradición, no como un hecho probado. 2. 1909–1918: dirigibles misteriosos y la Primera Guerra Mundial Al acercarnos al siglo XX, los relatos empiezan a convivir con una realidad nueva: la aviación y los dirigibles.

A comienzos de siglo se hablaron de supuestos dirigibles fantasma, en una época en la que la tecnología aérea todavía resultaba novedosa para buena parte de la población. Durante la Primera Guerra Mundial, los cielos se llenaron de aparatos militares, globos de observación y aeronaves que podían aparecer entre nubes, humo y oscuridad. En ese escenario, un avistamiento extraño podía generar inquietud de inmediato.

Me parece importante imaginar a los testigos de entonces: estaban viviendo una guerra industrial, con armas y máquinas que cambiaban a una velocidad desconocida hasta ese momento. El problema es que no todos los informes permiten reconstruir qué se vio realmente. Algunos relatos son vagos o fueron recogidos tiempo después.

Aun así, el conjunto sirve para entender que la relación entre guerra y fenómenos aéreos extraños no empezó con los platillos volantes de la posguerra. 3. 1933–1945: la Segunda Guerra Mundial y los «foo fighters» Si hay un capítulo que siempre me ha parecido especialmente llamativo, es el de los llamados «foo fighters». Durante la Segunda Guerra Mundial, pilotos aliados y del Eje describieron luces u objetos que parecían acompañar a los aviones o desplazarse cerca de ellos. Algunos testigos los percibían como algo que no encajaba con lo que conocían.

Para entender estos relatos hay que recordar cómo era volar en combate: noches oscuras, fatiga, tensión constante, fuego antiaéreo y una enorme variedad de luces en el horizonte. También había tecnología secreta y experimentos militares. Todo eso puede explicar parte de los casos, aunque no permite resolver automáticamente cada informe individual.

Me sorprendió comprobar hasta qué punto estos relatos quedaron asociados a la memoria de la guerra aérea. Los pilotos eran personas entrenadas para observar, sí, pero eso no los convierte en infalibles: incluso un testigo experimentado puede equivocarse cuando dispone de poca información y se encuentra bajo presión. El libro también recoge referencias a objetos extraños vistos durante el desembarco de Normandía, el Día D, el 6 de junio de 1944.

Es una fecha de enorme importancia histórica y, precisamente por eso, conviene exigir fuentes sólidas antes de afirmar que ocurrió algo extraordinario. La existencia de una historia no demuestra por sí sola que todos sus detalles sean ciertos. 4. 1946–1949: cohetes fantasma y los primeros años de los platillos Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa vivió una oleada de informes sobre los llamados «cohetes fantasma», especialmente en Escandinavia en 1946. El continente estaba lleno de incertidumbre y la tecnología de cohetes había adquirido una importancia enorme.

En ese contexto, cualquier objeto rápido o luminoso podía despertar sospechas. En 1947, los avistamientos de Kenneth Arnold y la difusión de la expresión «platillo volante» ayudaron a cambiar la manera en que el público hablaba de estos fenómenos. Me parece un punto de inflexión: a partir de entonces, muchos relatos empezaron a interpretarse dentro de una nueva cultura popular de los platillos volantes.

El libro incluye varios incidentes de 1948 que se hicieron famosos en la historia de la ufología. Uno es el encuentro de los pilotos Chiles y Whitted con un objeto luminoso durante un vuelo comercial; otro es el caso del teniente George Gorman, que describió una persecución aérea con un objeto que parecía maniobrar frente a su caza F-51. Este último caso me llamó la atención por la descripción de maniobras y por la sensación de que el objeto respondía a los movimientos del avión.

Pero, una vez más, el relato de un testigo y la explicación definitiva de lo sucedido son dos cosas distintas. Para cerrar el caso harían falta datos independientes suficientes, no solo una narración impactante.

5. 1950–1953: la Guerra de Corea

La Guerra de Corea volvió a poner a pilotos y tropas en un entorno en el que el cielo era parte esencial del campo de batalla. En los relatos de esta época aparecen luces, objetos no identificados y observaciones realizadas cerca de bases o durante misiones. Lo que me interesa de estos casos es la dificultad de distinguir entre un fenómeno desconocido y una tecnología que el observador no tenía por qué conocer.

En plena Guerra Fría, los ejércitos tenían razones para guardar información sobre aeronaves, radares y pruebas experimentales. El secreto militar puede explicar por qué algunos datos no se hicieron públicos, aunque no demuestra por sí mismo que hubiera un encubrimiento extraterrestre. Cuando leo un informe de este tipo, intento hacerme tres preguntas: qué vio exactamente el testigo, qué información quedó registrada en ese momento y qué explicaciones alternativas se comprobaron.

Si no tenemos respuesta a esas preguntas, el caso puede seguir siendo interesante, pero su conclusión debe quedar abierta. 6. Décadas de 1950 y 1960: la Guerra Fría y las instalaciones nucleares En los años cincuenta y sesenta, el temor a una guerra nuclear marcó la política internacional. Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollaron bombarderos, misiles y sistemas de vigilancia cada vez más sofisticados.

No es extraño que en esa época se multiplicaran los informes sobre objetos vistos cerca de instalaciones militares. Uno de los aspectos más inquietantes de algunos relatos es su supuesta proximidad a bases de misiles balísticos intercontinentales, los ICBM. En el imaginario ufológico, estos incidentes suelen interpretarse como si alguien estuviera mostrando interés por nuestro armamento nuclear.

Es una posibilidad sugerente, pero no debemos confundir una interpretación con una conclusión demostrada. El caso de Haneda, en Japón, aparece entre los episodios destacados de esta etapa. Según el relato recogido, personal de una torre de control observó un objeto que también fue detectado por radar, y se intentó seguirlo con un caza F-94.

La combinación de observación visual y radar hace que el episodio resulte especialmente interesante, aunque los detalles concretos y las limitaciones de los equipos de la época importan mucho a la hora de valorarlo. También aparecen incidentes como el de la isla Maury y las historias relacionadas con los llamados «hombres de negro». Este caso lo desconocía por completo antes de acercarme a estos materiales.

La narración incluye un testigo que habría recibido la visita de un desconocido que conocía detalles del avistamiento y le aconsejó que dejara de hablar. Es una historia llamativa, pero las versiones y la fiabilidad de los protagonistas deben examinarse con cuidado antes de tomarla como prueba de una operación oficial.

7. 1960–1970: Vietnam y las luces en zonas de combate

La guerra de Vietnam ofrece otro escenario muy particular: selvas, noches oscuras, bases aisladas, operaciones aéreas y una tensión permanente. El libro recoge informes de luces y objetos extraños cerca de la zona desmilitarizada y de instalaciones militares. Uno de los relatos se refiere a un objeto anaranjado y aparentemente inmóvil sobre Hanói, del que informó la agencia AFP el 29 de septiembre de 1972.

Según la noticia citada, las defensas antiaéreas lanzaron misiles sin alcanzar el objeto, que habría permanecido visible durante más de una hora. La duración descrita es llamativa, pero para evaluar el caso necesitaríamos conocer la documentación original, las condiciones de observación y qué explicaciones se consideraron. Otro episodio conocido es el incidente del buque australiano Hobart, ocurrido en junio de 1968.

En medio de informes de luces en la zona, se produjo una cadena de confusión y acciones militares que acabó con consecuencias graves. A mí este tipo de casos me recuerda que un fenómeno mal identificado en una zona de guerra no es solo una anécdota misteriosa: puede influir en decisiones reales y peligrosas. Por eso no basta con preguntarse si había un OVNI.

También hay que preguntarse cómo interpretaron los mandos lo que veían, qué información tenían y cómo una identificación errónea pudo escalar hasta convertirse en un incidente militar.

8. Kecksburg, Rendlesham y otros misterios militares

El incidente de Kecksburg ocurrió el 5 de diciembre de 1965. Testigos de distintas zonas de Norteamérica observaron un objeto brillante que cruzó el cielo y, según algunos relatos, terminó cayendo en un bosque de Pensilvania. Algunos residentes afirmaron que el objeto parecía maniobrar antes de llegar al suelo y que después se vio humo entre los árboles.

Este caso me parece uno de esos episodios en los que la historia crece alrededor de un núcleo de observaciones difíciles de reconstruir. Con el tiempo, la idea de que los militares recuperaron un objeto intacto se convirtió en una parte importante del relato. Pero para saber qué ocurrió realmente hay que distinguir lo que los testigos dijeron haber visto de lo que se ha podido documentar de forma independiente.

Otro episodio muy conocido es el de Rendlesham Forest, en diciembre de 1980, cerca de instalaciones militares estadounidenses en el Reino Unido. Las declaraciones de personal militar y las explicaciones posteriores han hecho que el caso siga siendo objeto de debate. No lo considero cerrado simplemente porque existan versiones escépticas, ni lo doy por demostrado solo porque haya testigos militares: ambas cosas requieren análisis.

En esta parte de la cronología se ve algo que se repite en muchos casos: cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta separar el recuerdo inicial, las interpretaciones posteriores y las versiones que circulan entre investigadores y medios. Eso no elimina el interés del caso, pero sí obliga a leerlo con prudencia.

9. 1990–1991: la Guerra del Golfo

La Guerra del Golfo, a comienzos de los años noventa, tuvo lugar en un entorno tecnológico muy distinto al de las guerras anteriores. Los sistemas de vigilancia, los sensores y la aviación militar eran más avanzados, pero eso no significa que cada observación quedara automáticamente identificada o registrada de manera accesible. Los informes de objetos extraños en conflictos modernos deben examinarse teniendo en cuenta el uso de bengalas, señuelos, misiles, sensores y operaciones que no siempre se hacen públicas.

Si un caso se apoya solo en testimonios indirectos o recuerdos posteriores, es importante decirlo con claridad. No me parece que la falta de una explicación inmediata sea motivo suficiente para dar por buena la hipótesis más espectacular.

10. Qué me llevo de esta cronología

Después de recorrer estos episodios, la idea que más me queda es que los informes de objetos no identificados aparecen en momentos muy distintos de la historia, pero su significado cambia según la época. En la Antigüedad, un fenómeno podía convertirse en presagio divino; durante las guerras mundiales, podía confundirse con tecnología aérea; en la Guerra Fría, podía interpretarse a través del miedo a los misiles y al espionaje. Me sorprendió encontrar casos que no conocía y comprobar hasta qué punto algunos se han convertido en clásicos de la ufología.

Otros me parecen mucho más difíciles de valorar porque dependen de relatos tardíos, fuentes poco claras o interpretaciones que se añadieron con el paso de los años. Mi postura es sencilla: no creo que debamos burlarnos de quien cuenta que vio algo extraño, pero tampoco creo que tengamos que aceptar sin pruebas la explicación extraterrestre. Escuchar al testigo es el principio de una investigación, no el final.

Hay que buscar documentos originales, registros de radar, diarios de vuelo, noticias de la época, datos meteorológicos y testimonios independientes. Y hay otra cuestión que me parece fundamental: durante una guerra, un objeto no identificado puede ser una amenaza potencial aunque su origen no tenga nada de extraterrestre. La confusión en el cielo puede provocar decisiones precipitadas, y el caso del Hobart es un recordatorio de que las identificaciones erróneas tienen consecuencias.

Al final, estos casos me dejan más preguntas que respuestas. Algunos quizá puedan explicarse con información que todavía no hemos localizado; otros se habrán deformado con el tiempo; y puede que haya episodios para los que no dispongamos de datos suficientes. Reconocer esa incertidumbre no le quita interés al misterio.

Para mí, es precisamente lo que hace que merezca la pena seguir investigando.

Cómo seguir investigando estos casos

Si quisiera profundizar en cualquiera de estos episodios, empezaría por localizar la fuente más cercana a la fecha del suceso: un informe de misión, un registro de radar, una noticia original, una carta o una declaración grabada. Después separaría la descripción del testigo de la interpretación que se hizo más tarde. También comprobaría las condiciones meteorológicas, la actividad astronómica, las rutas aéreas y las pruebas militares conocidas.

Buscaría testimonios independientes y prestaría atención tanto a los datos que apoyan una hipótesis como a los que la contradicen. Y, sobre todo, evitaría convertir una laguna documental en una prueba automática de encubrimiento. Este artículo está basado principalmente en el libro de Mack Maloney publicado en español en 2016.

Las historias se presentan como casos recogidos por esa obra; no significa que todos estén confirmados de forma independiente. Para una investigación definitiva sería necesario contrastar cada episodio con sus fuentes originales.

Fuente principal

Maloney, Mack. Los ovnis en tiempos de guerra: lo que no querían que supieras. Edición española, 2016.

Fuente principal de los episodios tratados en este artículo. Artículo redactado en primera persona por Javier Lobato Las expresiones personales reflejan una voz editorial cercana y curiosa; no convierten en hechos probados los relatos que siguen siendo discutidos.

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